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martes, 4 de junio de 2013

DATOS PARA PENSAR.....

 Así viven o mueren las mujeres en América

La mitad de las mujeres ecuatorianas asesinadas en 
2008 murieron a mano de su pareja o ex pareja, 
en la mayoría de los casos en su propia casa 
(CEPAL, 2009).
En 2007, aproximadamente un 32,6% de las 
mujeres urbanas y un 34,1% de las mujeres 
rurales de 15 años de edad en adelante que no 
estudian no cuentan con ingresos propios
(CEPAL, 2009).
Casi 4 de cada 10 mujeres bolivianas sienten
 que su pareja ejerce distintas formas de 
control sobre su comportamiento, relaciones y 
vida (CEPAL, 2009).
El 67% de las mujeres mexicanas han vivido 
incidentes de violencia por parte de su pareja
 o de otras personas en su familia, en la comunidad, 
en el trabajo o en la escuela (Encuesta Nacional 
de la Dinámica de las Relaciones en los Hogares, 
2006).
Una de cada 10 mujeres salvadoreñas ha sufrido
 violencia sexual, la mitad de ellas antes de haber
 cumplido 19 años (Encuesta Nacional de Salud
 Familiar 2008).
De los 2920 homicidios de mujeres registrados en 
Guatemala en los últimos 5 años, solamente se
 informaron 186 detenciones, lo cual equivale a
 una tasa de impunidad del 94% (CEPAL, 2009).
Se estima que 50.000 dominicanas trabajan en la 
industria del sexo, principalmente en Europa, muchas 
de las cuales podrían ser víctimas de trata internaciona
l con fines de explotación sexual (CEPAL, 2007).
23 mujeres detenidas durante un operativo policial en
 San Salvador Atenco (México) denunciaron haber 
sufrido abusos sexuales por parte de los policías que 
las custodiaban (Comisión Nacional de Derechos Humanos,
 2006).
El 36% de las mujeres en situación de desplazamiento
 en Colombia han sido forzadas a tener relaciones
 sexuales con desconocidos (Ministerio de Protección
 Social de Colombia, 2003).
Todos los actores del conflicto colombiano utilizan la 
violencia física, psicológica y sexual contra las mujeres 
como estrategia de guerra (Comisión Interamericana
 de Derechos Humanos, 2006).

http://www.americalatinagenera.org/es/images/stories/tematicas/pie_contenido_6_der_recuadro.png Por terroríficas que estas cifras puedan parecer, no
 son más que la punta del iceberg que se oculta tras
 el silencio estadístico que envuelve la violación de
 derechos humanos más extendida, y sin embargo 
más tolerada e impune: la violencia contra las mujeres 
(CEPAL, 2007). Las razones de esta invisibilidad
 estadística son diversas: la renuencia de las víctimas
 a presentar denuncias; el desconocimiento y/o reticencia
 del personal sanitario y policial a registrar situaciones de 
agresiones a mujeres como casos de violencia de género;
 la debilidad de los sistemas de registro estadístico y la descoordinación y no comparabilidad entre los registros
 empleados en cada institución, etc. Esta situación hace
 que sea imposible conocer las dimensiones reales del
 problema, y darle una respuesta integral y efectiva.


En los últimos años, se están dando importantes pasos 
en la región para erradicar la violencia contra las mujeres 
(VCM). El avance más importante ha sido sacar del ámbito
 privado la violencia de género, donde era visto como un
 asunto privado y ajeno a la intervención del Estado. 
Gracias al impulso del movimiento amplio de mujeres, 
se ha llevado a la esfera pública y se empieza a situar 
como un problema social, reconociéndose que la VCM
 es una violación de los derechos humanos.

También, se ha evidenciado que la VCM supone un 
grave problema de salud pública, que compromete la 
salud física, erosiona la autoestima y el bienestar 
emocional y atenta contra la salud sexual y reproductiva 
de las mujeres. Representa asimismo un freno para el
 desarrollo de los pueblos, en razón de los altos costos
 sociales y económicos que impone a las propias mujeres,
 la comunidad y el Estado. Actualmente se está empezando
 a conceptualizar la VCM como un grave problema de
 (in)seguridad ciudadana, que compromete la 
gobernabilidad democrática de las sociedades. 
Por tanto, su erradicación requiere de intervenciones 
integrales y coordinadas intra e intersectorialmente, 
que involucren a los actores estatales y la sociedad civil
 y abarquen los distintos ámbitos; educación, cultura,
 salud, seguridad, protección social, justicia, legislación 
y políticas públicas.

Definir qué es la VCM no ha sido una cuestión fácil. 
La definición más comúnmente aceptada en la actualidad
 es la establecida en la Declaración sobre la eliminación 
de la violencia contra la mujer, aprobada por las Naciones
 Unidas en 1993, en donde se entiende por violencia 
contra la mujer: “…todo acto de violencia basado en 
la pertenencia al sexo femenino que tenga o pueda 
tener como resultado un daño o sufrimiento físico,
 sexual o sicológico para la mujer, así como las amenazas
 de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de
 la libertad, tanto si se producen en la vida pública como
 en la vida privada”. Además, la declaración reconoce 
que la VCM es “una manifestación de relaciones de poder históricamente desiguales entre hombres y mujeres” y 
“uno de los mecanismos sociales fundamentales por 
los que se fuerza a la mujer a una situación de subordinación
 respecto al hombre”. Así, permite una mejor comprensión
 de las causas y da pautas para un abordaje integral
del problema.

A nivel regional, la Convención Interamericana para 
prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra la mujer, 
conocida como Convención de Belém do Pará (1994),
 recoge las demandas del movimiento de mujeres del 
continente y las convierte en compromisos para los Estados.
 En ella se reafirma que la raíz de la violencia son las
 relaciones desiguales de poder entre los géneros y que
 ésta incluye la violencia física, sexual y psicológica.


Todos los países de América Latina y el Caribe han
 firmado la Convención, y han ido adoptado leyes y 
modificado sus códigos penales y civiles de conformidad
 con la misma. Sin embargo, la mayoría de las 
legislaciones   se centran en la violencia doméstica y
 sexual y dejan sin atender otras manifestaciones de 
la violencia; son muchos los países que todavía privilegian
la mediación y conciliación en casos de VCM, e incluso
 algunos países mantienen aún disposiciones jurídicas 
que eximen al agresor de actos de violación si contrae
 matrimonio con la víctima, o que consideran las agresiones 
sexuales como delitos contra el honor.

La mayoría de los países de la Región han formulado 
planes y programas de lucha contra la VCM. En general,
 estos programas están a cargo del Mecanismo Nacional 
de Igualdad, que coordina su implementación con los 
sectores de salud, justicia, seguridad y educación, así 
como con redes y organizaciones de mujeres. No obstante, 
el impacto de estos programas ha sido muy limitado 
debido a la falta de voluntad política, que se traduce
 en bajos presupuestos y discontinuidad de los programas; 
en la baja cobertura y calidad de los servicios 
de atención implantados; en la débil articulación interinstitucional e
 intersectorial; en la ausencia de auténticas políticas 
nacionales de prevención y en la atención marginal 
prestada al empoderamiento y promoción de la 
autonomía de las mujeres (CEPAL, 2007).

Las políticas y acciones impulsadas por instituciones 
gubernamentales y la sociedad civil, para mejorar la
 atención a las víctimas y la reparación del daño físico, 
psicológico, económico y social provocado por la violencia, 
son sin duda importantes avances. Sin embargo, sus efectos
 serán muy limitados y su carácter meramente paliativo,
 mientras no haya una voluntad firme de atacar la base 
misma del problema: la persistencia de patrones 
estereotipados de masculinidad y feminidad que 
otorgan a los hombres derechos de control sobre 
las mujeres y naturalizan el ejercicio de la violencia.

martes, 7 de mayo de 2013

ES TIEMPO DE ESTAR CON DIOS


TENEMOS UN BUEN DESTINO....

Mis planes para ustedes solamente yo los sé, y no son para su mal, sino para su bien. Voy a darles un futuro lleno de bienestar.  Jeremías  29:11 (TLA)

Lectura Devocional:

En una de nuestros paseos por la montaña, un gran temporal se desató y  nosotros estábamos en carpa. En eso momento nuestros hijos eran pequeños. Recuerdo que oramos y hasta cantamos al Señor haciendo un esfuerzo grande por mantener la calma y esperar que pase el mal tiempo.

Cierto día Jesús se encontraba en una barca descansando cuando se levanto una gran tormenta. Los amigos de Jesús que estaban con El, tuvieron mucho temor al desconocer que el poder de Dios operaba en la vida de Jesús.

Nuestro temor esta sostenido por nuestra ignorancia, al desconocer las capacidades de Dios, esto nos sumerge en el temor acerca de nuestro propio futuro.

La verdad es que los propios discípulos no sabían que Jesús tenía el control de la naturaleza y sobre todo lo creado.

Es probable que estemos en medio de una tormenta  y nuestro desconocimiento, no permite que descansemos,  porque en le fondo de nuestro corazón aun no sabemos cuanto esta dispuesto nuestra amado Señor a hacer por nosotros.

Si hemos decidido decirle SI, a la invitación de ser parte de su familia, entonces ahora somos sus hijos, nuestro trabajo mas importante es creer que su gran amor y tremendo poder están disponibles para nosotros.

No hay situación en nuestra vida que Dios no pueda controlar. Dios nos ha dado su palabra, el ha dicho: … “te tengo en el hueco de mis manos”.

Mientras desconozcamos el poder del Señor, nuestro corazón estará preocupado, solo cuando la fe crece podremos descansar  y confiar que el futuro, será venturoso tal como Dios ya lo pensó para aquellos que lo amamos.


REFLEXIONA:
Lo peor que nos puede ocurrir, no es tener problemas, sino desconocer el amor que Dios tienen por sus hijos. Para esto necesitamos aprender más de nuestro Señor.

RECLAMA:
Señor, quiero descubrir tu maravillosa persona y conocer tu gran poder en mi vida. Necesito pasar más tiempo contigo.

RESPONDE
Jesús, creo en la verdad que dice que tus planes son buenos para mi y que mi corazón en ti puede estar confiado

Marta de biondi
martadebiondi@gmail.com

viernes, 26 de abril de 2013

UNA HISTORIA PARA REFLEXIONAR


NOSOTROS NOS PARECEMOS MUCHO A JONÁS,
 POR  UN LADO SOMOS DESOBEDIENTES Y POR EL OTRO TENEMOS EL MENSAJE QUE SALVA,
 EL MUNDO   NECESITA OÍR  EL MENSAJE DE DIOS PARA CAMBIAR,
SEGUIREMOS ESCAPANDO?   

martes, 26 de marzo de 2013

La Reserva San Guillermo en San Juan

Salvá el hogar del puma
El hogar del puma está en peligro. La Reserva San Guillermo en San Juan, último paraíso salvaje no boscoso de América del Sur y hábitat de especies como el puma y la vicuña, está amenazada por un mega proyecto de la minera Barrick Gold que, para extraer oro, pone en grave riesgo este ecosistema único.
Los explosivos y las sustancias altamente tóxicas que utiliza la minera para hacer perforaciones en la reserva ya están afectando glaciares, principal fuente de agua para la vida de la región. Tenemos que detener a la Barrick Gold o las consecuencias serán catastróficas para este delicado ambiente y los animales que lo habitan.
Éste nuestro momento de actuar. Convertite en la voz de las especies que necesitan que las mineras se vayan para siempre de su tierra. Defendé el hogar del puma. Pedile ahora al gobernador de San Juan, José Luis Gioja que prohiba toda actividad minera en la Reserva San Guillermo.
Participá entrando en el siguiente link:
Compartí esta campaña con todos tus contactos! Para más información podés entrar a www.greenpeace.org.ar. <iframe width="560" height= "315"src="http://www.youtube.com/embed/-JY6ZpL4LfM" frameborder ="0" allowfullscreen></iframe>

viernes, 22 de febrero de 2013

UN POCO ACERCA DE LA DEPRESIÓN...


Los que aprendieron a desesperar

En la depresión –sostienen los autores– podría intervenir un factor, descubierto por la psicología experimental, llamado “desesperanza aprendida”, por el cual “una serie de eventos aversivos incontrolables”, que son “la semilla de una depresión”, llevan a sentir que los resultados de la propia vida son independientes de los propios actos.
 Por Ariel Minici,
Carmela Rivadeneira y
José Dahab *
La desesperanza aprendida es uno de los descubrimientos de la psicología experimental que más difusión han alcanzado, expandiéndose a campos conexos como el de la psicología social o la sociología. Por supuesto, su aplicabilidad inicial y más específica se circunscribe a la psicología clínica, y particularmente se ha perfilado como un modelo experimental de depresión. El fenómeno de desesperanza aprendida –también llamado impotencia o indefensión– fue inicialmente descripto por Bruce Overmier y Martin Seligman a mediados de la década de 1960. En pocas palabras, ellos descubrieron que si un animal era expuesto a una serie de estímulos aversivos inescapables e incontrolables, luego desarrollaría un síndrome caracterizado por un marcado déficit para iniciar otras conductas o para aprender conductas nuevas. Un amplio programa de investigación dejó en claro que el factor determinante de tal síndrome era la incontrolabilidad percibida por los animales, y no el estrés de los eventos aversivos. Esto significa que si el animal recibe los estímulos aversivos, por ejemplo, choques eléctricos, pero puede ponerles fin bajando una palanca, girando una rueda o saltando de la jaula hacia otro sitio –si el animal puede realizar cualquier conducta de escape que le otorgue sentido de control sobre la situación desagradable– entonces no desarrollará desesperanza. Pero si el animal no puede escapar, si queda simplemente expuesto al estresor, sin que nada de lo que haga pueda poner fin a los estímulos desagradables, entonces presentará indefensión.
En este estado, ya no intentará escapar de otros eventos aversivos, sino que se quedará pasivamente, aguantando el malestar, aunque ahora con un simple movimiento podría irse. También mostrará poco interés en una compañera sexual en celo e incluso en alimentarse. Su tasa de comportamiento habrá disminuido, se lo verá quieto, aletargado, sin motivación para iniciar casi ninguna conducta. Y, muy pertinente para nuestros fines, presentará signos de ansiedad y tristeza: he aquí un modelo animal experimental para la depresión humana.
El fenómeno de indefensión se encuadra dentro del condicionamiento instrumental u operante descripto por Skinner. Este constituye un proceso básico de aprendizaje por el cual los organismos adquieren o eliminan conductas según las consecuencias que siguen a las mismas. Al decir que es un proceso básico, se remarca que se trata de una forma de aprendizaje que comparten todos los seres vivos con sistema nervioso. Por supuesto que, en las diversas especies, este proceso básico adquiere formas muy disímiles. Particularmente, en los seres humanos, el condicionamiento instrumental no sólo se aplica a conductas motoras, sino también a las conductas cognitivas y emocionales, con un agregado de suma importancia: podemos pensar en tales relaciones. Un perro o una serpiente se encuentran sometidos a leyes de contingencias entre sus conductas y las consecuencias que les siguen; los humanos también, pero podemos darnos cuenta de ellas, somos capaces de generar conciencia. Lo cual, sabemos, no es poca cosa.
El condicionamiento operante posee un sentido evolutivo adaptativo muy obvio. Dicho en términos muy simples, ayuda a eliminar del repertorio del individuo aquellas conductas que han conducido a una consecuencia insatisfactoria mientras que aumenta aquellas que conducen a la satisfacción, un proceso elemental pero de importancia clave para la supervivencia. Este proceso básico tan vital es que el que “se enferma”, por así decirlo, lo hace en la indefensión. Dilucidemos mejor este punto.
Los animales reciben una seguidilla de eventos aversivos incontrolables; en otras palabras, hagan lo que hagan, no pueden evitarlos. Dado que sus conductas y los eventos desagradables simplemente no tienen nada que ver, ¿qué aprenden, desde un punto de vista del condicionamiento instrumental? Pues justamente eso: que su conducta y tales eventos motivacionalmente significativos son independientes. Si los animales hablaran, nos dirían: “Ya que de esto no podemos escapar, entonces ¿para qué esforzarse?”. Y de hecho, aunque sus perros no hablaran, desde el mismo inicio Seligman y Overmier conceptualizaron a la desesperanza aprendida como un proceso cognoscitivo en el cual la formación de expectativas se veía afectada. Vamos a ello.
Tal como se mencionó arriba, una de las cualidades distintivas del condicionamiento instrumental en humanos radica en que nosotros podemos concientizar las relaciones que establecemos entre nuestras conductas y sus consecuencias. Más aún, podemos verbalizarlas, planificarlas y hasta jugar imaginariamente con relaciones de conducta-consecuencia imposibles en la realidad (así es que muchas personas “vuelan” extendiendo sus brazos). Esta capacidad de pensar conscientemente las relaciones conducta-consecuencia se inscribe en el terreno de la formación de expectativas. Esperamos que ciertos actos lleven a determinados resultados; por ello, por ejemplo, nos esforzamos en estudiar ante un examen o madrugamos cuando buscamos un trabajo. Aguardamos que tales comportamientos nos conduzcan a un resultado deseado. Ahora bien, ¿qué pasa con este proceso de formación de expectativas cuando una persona sufre de desesperanza aprendida? Ilustremos esto con casos reales.
¿Qué sucederá con los niños que reciben castigos arbitrarios en forma sistemática por parte de sus padres? Imaginemos por ejemplo un niño cuyo padre o madre padece un desorden bipolar no tratado adecuadamente y que, por consecuencia, se comporta de manera errática respecto de los límites que le impone. Así, independientemente de la conducta del chico, el padre se mostrará amable y comprensivo cuando se encuentre en un período de estabilidad, avalando incluso comportamientos inadecuados como juguetear con algún aparato eléctrico. Pero en un momento distinto puede actuar excesivamente rígido y castigador, llegando hasta la aplicación de punitivos físicos sin que el niño haya realizado ninguna conducta inadecuada. En este caso, claro está, los “premios y castigos” que el pequeño reciba serán independientes de sus actos. A lo largo de varios años de tal modus operandi, ¿qué podrá aprender esta persona acerca de la relación entre sus conductas y sus consecuencias? Obviamente, que no se relacionan. He aquí la semilla de una depresión. Con los años, ello conducirá a un estilo explicativo pesimista, lo cual significa que se tenderá a interpretar y explicar los eventos importantes como fenómenos independientes de la propia conducta.
El programa de tratamiento cognitivo conductual para la depresión incluye el abordaje del fenómeno de desesperanza desde distintos ángulos. Por una parte, se vale del cuantioso conjunto de técnicas conductuales específicamente diseñadas para el tratamiento de la depresión. Una de ellas es la programación gradual de tareas: consiste en la planificación y ejecución de conductas progresivamente más complejas. La clave de la técnica radica en la gradualidad. Dado que inicialmente el paciente se propondrá los comportamientos más sencillos, se maximiza tanto la probabilidad de que efectivamente los haga como de que ellos reciban sus reforzadores naturales. Obtener reforzamiento por conductas simples empieza a operar una reversión del fenómeno de indefensión en el plano conductual porque se generan los incentivos naturales que motivan la iniciación de nuevas acciones. Sobre esta primera base, se programan entonces tareas más complejas que actuarán en el mismo sentido, vale decir, volviendo a vincular el comportamiento con sus consecuencias importantes.
Otra técnica conductual para el tratamiento de la depresión es el entrenamiento a la familia en reforzamiento diferencial de conductas incompatibles: propicia que las personas significativas del entorno del paciente aprendan a otorgar reforzamiento social a las conductas opuestas a la depresión y viceversa, que no refuercen el comportamiento propiamente depresivo. Pero también se opera cognoscitivamente, apelando a la cualidad distintivamente humana de concientizar las relaciones de contingencia entre el comportamiento y sus consecuencias. Siguiendo el mismo ejemplo, el programa de activación conductual mencionado recurre a los ejercicios de dominio y agrado, lo cual ayuda al paciente depresivo a valorar cuánto pudo efectivamente realizar y cuánto le gustó. En síntesis, nuestro objetivo es “curar” la desesperanza en el plano conductual y cognitivo. Conductual, porque favorecemos acciones concretas que por su naturaleza se conectan con sus resultados. Cognitivo, porque procuramos que los pacientes se den cuenta de estas relaciones entre sus acciones y los resultados que obtienen. Por supuesto, el tratamiento cognitivo conductual de la depresión engloba otro conjunto de procedimientos, variadamente relacionados con el fenómeno de indefensión aprendida.
* Psicólogos. Extractado del trabajo “Un modelo experimental de la depresión”, publicado en Revista de Terapia Cognitivo Conductual, Nº 19.

jueves, 21 de febrero de 2013

¿ Alguiėn puede explicarlo?

Ser mujeres:alt
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  • La mitad de las mujeres ecuatorianas asesinadas en 2008 murieron a mano de su pareja o ex pareja, en la mayoría de los casos en su propia casa (CEPAL, 2009).
  • En 2007, aproximadamente un 32,6% de las mujeres urbanas y un 34,1% de las mujeres rurales de 15 años de edad en adelante que no estudian no cuentan con ingresos propios (CEPAL, 2009).
  • Casi 4 de cada 10 mujeres bolivianas sienten que su pareja ejerce distintas formas de control sobre su comportamiento, relaciones y vida (CEPAL, 2009).
  • El 67% de las mujeres mexicanas han vivido incidentes de violencia por parte de su pareja o de otras personas en su familia, en la comunidad, en el trabajo o en la escuela (Encuesta Nacional de la Dinámica de las Relaciones en los Hogares, 2006).
  • Una de cada 10 mujeres salvadoreñas ha sufrido violencia sexual, la mitad de ellas antes de haber cumplido 19 años (Encuesta Nacional de Salud Familiar 2008).
  • De los 2920 homicidios de mujeres registrados en Guatemala en los últimos 5 años, solamente se informaron 186 detenciones, lo cual equivale a una tasa de impunidad del 94% (CEPAL, 2009).
  • Se estima que 50.000 dominicanas trabajan en la industria del sexo, principalmente en Europa, muchas de las cuales podrían ser víctimas de trata internacional con fines de explotación sexual (CEPAL, 2007).
  • 23 mujeres detenidas durante un operativo policial en San Salvador Atenco (México) denunciaron haber sufrido abusos sexuales por parte de los policías que las custodiaban (Comisión Nacional de Derechos Humanos, 2006).
  • El 36% de las mujeres en situación de desplazamiento en Colombia han sido forzadas a tener relaciones sexuales con desconocidos (Ministerio de Protección Social de Colombia, 2003).
  • Todos los actores del conflicto colombiano utilizan la violencia física, psicológica y sexual contra las mujeres como estrategia de guerra (Comisión Interamericana de Derechos Humanos, 2006).

Feminicidio, el odio por las mujeres y la violencia manifiesta.....

Feminicidio

En los últimos años, los movimientos de mujeres han venido denunciando los feminicidios, un concepto distinto al de femicidio (entendido como homicidio de mujeres), que busca dar cuenta de la especificidad de estos crímenes de odio contra las mujeres.

El término fue acuñado por primera vez por Diana Russel y Jill Radford en su texto Feminicide. The politics of women killing, en 1992. Para estas feministas el femi(ni)cidio es el asesinato misógino de mujeres por parte de hombres o el conjunto de hechos violentos contra las mujeres que, en ocasiones, culmina con el homicidio de algunas niñas y mujeres. Este concepto abarca más allá de su definición legal de asesinato e incluye situaciones en las cuales se acepta que las mujeres mueran como resultado de actitudes misóginas o de prácticas sociales. Es el extremo de un continuo de terror antifemenino que incluye una gran cantidad de formas de abuso verbal y físico: como violación, tortura, esclavitud sexual, incesto y abuso sexual infantil extrafamiliar, maltrato físico y emocional, hostigamiento sexual (por teléfono, en las calles, en la oficina, en el aula), mutilación genital, operaciones ginecológicas innecesarias (histerectomías gratuitas), heterosexualidad forzada, maternidad forzada (mediante la criminalización de los anticonceptivos y el aborto), psicocirugía, negación de alimentos a las mujeres en algunas culturas, cirugía cosmética y otras mutilaciones en nombre de la belleza.

Posteriormente, la doctora Marcela Lagarde profundizó en la definición, añadiendo que para que se dé el feminicidio “concurren de manera criminal el silencio, la omisión, la negligencia y la colusión de las autoridades encargadas de prevenir y erradicar estos crímenes. Hay feminicidio cuando el Estado no da garantías a las mujeres y no crea condiciones de seguridad para sus vidas en la comunidad, en la casa, ni en los espacios de trabajo, de tránsito o de esparcimiento. Más aún, cuando las autoridades no realizan con eficiencia sus funciones. Por eso, el feminicidio es un crimen de estado” (Lagarde, 2005).